Que relación hay entre el sistema alimentario y la propagación de pandemias

La COVID-19 a simple vista puede parecer únicamente un problema de salud pública, sin embargo, se trata más bien de una consecuencia directa del cambio climático, de la destrucción de la naturaleza por la acción del ser humano y del consumo de animales; tres problemas que, además, guardan una estrecha relación entre sí.

Las repercusiones a nivel mundial son dramáticas: además de la trágica cifra de muertes y del número de pacientes hospitalizados que llevan al límite los sistemas nacionales de salud, también nos enfrentamos a un cierre a gran escala de la vida pública, los servicios, la producción, el comercio y los viajes, junto con graves efectos a largo plazo, como la pérdida de puestos de trabajo, el cierre de negocios y las recesiones a nivel mundial.

Ahora bien, para afrontar el problema debemos primero analizar las causas. Tenemos la oportunidad de retomar la vida como la conocíamos antes y salir de la crisis de una forma ética, sostenible y que beneficie al conjunto mundial de la sociedad, además de intentar evitar que problemas similares vuelvan a ocurrir. Por eso debemos entender que la COVID-19 y el sistema alimentario están estrechamente relacionados.

Nuestra salud depende de la salud del planeta

Hace pocos días, WWF lanzaba un informe sobre la relación directa entre la destrucción de la naturaleza, el cambio climático y el aumento del riesgo de pandemias.

La salud del planeta depende en gran parte del frágil equilibrio que mantienen los ecosistemas, los cuales se encuentran en peligro a raíz de la deforestación, el tráfico de vida silvestre y la agricultura y ganadería intensivas. 

Recordemos que el 60 % de todas las enfermedades infecciosas en humanos y que el 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes son enfermedades zoonóticas1, es decir, enfermedades transmitidas de animales a humanos.

Estas transmisiones aumentan cuando destruimos el medio ambiente, la biodiversidad y la diversidad genética. Debemos ser además cautelosos y no demonizar a determinadas regiones o animales, como bien señalaba Juan Valladares para El Confidencial: “Tenemos que insistir muchísimo en que virus y patógenos hay por todos lados. Hay en el ladrillo de la entrada de mi casa, en una explotación forestal, en nuestras mascotas. Nunca vamos a poder matarlos a todos: no podemos matar a todos los murciélagos, a todos los pangolines, a todas nuestras mascotas, ¡a los ladrillos! Los virus están ahí. Lo que importa es en qué cantidad, y si estamos aumentando las posibilidades de que patógenos nuevos, para los que nuestro sistema inmune no está preparado, de pronto entren en juego.”

El consumo de animales aumenta el riesgo de pandemias

Parece que la COVID-19 ha hecho que la sociedad ponga el punto de mira en el consumo de animales salvajes. Sin embargo, este es simplemente el ejemplo de pandemia que más ha trastocado nuestras vidas hasta ahora.

Hablando con una base teórica, cualquier interacción entre un humano y un animal infectado puede dar lugar a la aparición de una nueva enfermedad zoonótica que rápidamente puede convertirse en una pandemia, obviamente se deben dar las circunstancias adecuadas para ello, como cuando destruimos la biodiversidad o un virus entra en contacto con nuestra cadena alimentaria.

La mayoría de las enfermedades infecciosas que han surgido en las últimas décadas se han transmitido a través de los animales.234 Entre ellas figuran la gripe porcina con origen en los cerdos (el subtipo H1N1 más conocido que causó la gripe española de 1918 y también la epidemia de gripe porcina en 2009) y la gripe aviar, que se produce de forma natural entre las aves acuáticas silvestres y puede infectar a las aves domésticas de corral y a otras especies de aves y animales.5

Alimentación a base de vegetales puede reducir el riesgo de futuras pandemias

Los alimentos vegetales reducen nuestra dependencia de los animales como base de nuestra alimentación. Por lo que pedir y trabajar para transformar el sistema alimentario mundial hacia uno más sostenible y seguro se hace más urgente que nunca.

Abogar por la sustitución de productos de origen animal por alternativas vegetales y de cultivo, ya que ofrecen una solución a muchos de los factores que contribuyen al aumento de las enfermedades zoonóticas. 

Una menor dependencia y utilización de animales como alimento se traduce en la conservación de hábitats naturales y de biodiversidad y, por lo tanto, reduce las posibilidades de que surja un nuevo virus zoonótico.

¿Debemos prohibir el mercado de animales salvajes?

La prohibición de los mercados de animales salvajes es sin duda una medida importante para reducir al mínimo las enfermedades zoonóticas. 

Sin embargo, la prohibición de los mercados húmedos y del consumo de animales salvajes es insuficiente como medida individual, ya que no tiene en cuenta otros factores, como la destrucción de los hábitats naturales, la pérdida de la biodiversidad y la cría de animales, que aumentan el riesgo de una pandemia. 

¿Podría producirse una pandemia zoonótica por comer animales de granja?

Tanto los animales salvajes como los de granja son posibles huéspedes de multitud de virus, estos pueden saltar de los animales a los seres humanos a través de mutaciones genéticas. De hecho, como se ha señalado anteriormente, ya ha habido numerosos ejemplos de enfermedades zoonóticas que han surgido de animales de granja.

Medidas que debemos tomar para evitar enfermedades zoonóticas:

1. Transformar el sistema alimentario por uno más sostenible y saludable para la población. De manera que se podría hablar de retirar subsidios a industrias poco sostenibles y crear impuestos de sostenibilidad.

2. Apoyar a nivel institucional a la agricultura local y sostenible para sustituir el statu quo centrado en el monocultivo y así aliviar la presión sobre el suelo y la vida silvestre y al mismo tiempo crear empleos agrícolas mejores y más seguros. (También debemos recordar que los trabajadores de las industrias ganaderas, al igual que sus homólogos en los mercados húmedos, tienden a ser los primeros en estar expuestos a nuevos patógenos).

3. Inversión a gran escala en proteínas de origen vegetal y cultivadas apoyando a la vez a la investigación científica y al empleo.

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